
Ubicado en la antigua hostería de la Cartuja de la Concepción, en la plaza de España de La Cartuja (Zaragoza), El Cardenal ocupaba un espacio de gran personalidad arquitectónica e histórica. Las bóvedas de ladrillo, los restos de pinturas murales y el carácter monumental del edificio hacían que la identidad visual no pudiera plantearse como un simple ejercicio decorativo. El lugar ya poseía una identidad propia; el reto consistía en dialogar con ella.


La identidad se desarrolló buscando la misma sencillez y coherencia en todos sus elementos. La carta del restaurante se resolvió mediante una cubierta plastificada en color rojo, unida por un cordón dorado que sustituía cualquier sistema de encuadernación convencional. En su interior, las hojas del menú se imprimían en blanco y negro sobre pliegos A3 doblados por la mitad, permitiendo actualizar platos y precios de forma rápida y económica sin necesidad de sustituir toda la carta. Una solución funcional, resistente al uso diario y fácil de mantener, concebida desde la misma lógica con la que se diseñó la identidad.
Un proyecto donde concepto, objeto y uso cotidiano forman parte de un mismo sistema.





La identidad se desarrolló buscando la misma sencillez y coherencia en todos sus elementos. La carta del restaurante se resolvió mediante una cubierta plastificada en color rojo, unida por un cordón dorado que sustituía cualquier sistema de encuadernación convencional. En su interior, las hojas del menú se imprimían en blanco y negro sobre pliegos A3 doblados por la mitad, permitiendo actualizar platos y precios de forma rápida y económica sin necesidad de sustituir toda la carta. Una solución funcional, resistente al uso diario y fácil de mantener, concebida desde la misma lógica con la que se diseñó la identidad.
Un proyecto donde concepto, objeto y uso cotidiano forman parte de un mismo sistema.

Ubicado en la antigua hostería de la Cartuja de la Concepción, en la plaza de España de La Cartuja (Zaragoza), El Cardenal ocupaba un espacio de gran personalidad arquitectónica e histórica. Las bóvedas de ladrillo, los restos de pinturas murales y el carácter monumental del edificio hacían que la identidad visual no pudiera plantearse como un simple ejercicio decorativo. El lugar ya poseía una identidad propia; el reto consistía en dialogar con ella.


La identidad se desarrolló buscando la misma sencillez y coherencia en todos sus elementos. La carta del restaurante se resolvió mediante una cubierta plastificada en color rojo, unida por un cordón dorado que sustituía cualquier sistema de encuadernación convencional. En su interior, las hojas del menú se imprimían en blanco y negro sobre pliegos A3 doblados por la mitad, permitiendo actualizar platos y precios de forma rápida y económica sin necesidad de sustituir toda la carta. Una solución funcional, resistente al uso diario y fácil de mantener, concebida desde la misma lógica con la que se diseñó la identidad.
Un proyecto donde concepto, objeto y uso cotidiano forman parte de un mismo sistema.





La identidad se desarrolló buscando la misma sencillez y coherencia en todos sus elementos. La carta del restaurante se resolvió mediante una cubierta plastificada en color rojo, unida por un cordón dorado que sustituía cualquier sistema de encuadernación convencional. En su interior, las hojas del menú se imprimían en blanco y negro sobre pliegos A3 doblados por la mitad, permitiendo actualizar platos y precios de forma rápida y económica sin necesidad de sustituir toda la carta. Una solución funcional, resistente al uso diario y fácil de mantener, concebida desde la misma lógica con la que se diseñó la identidad.
Un proyecto donde concepto, objeto y uso cotidiano forman parte de un mismo sistema.
o
o