
Tras el éxito internacional de la edición anterior, la XII edición de La Mirada Tabú necesitaba una imagen que continuara la evolución visual del festival sin depender de lo ya hecho.
El encargo abarcaba el cartel principal, la cortinilla animada, las aplicaciones para redes y web, y la gráfica utilizada en los espacios de exhibición.
El festival crece, cambia y se transforma; la identidad visual debía acompañarlo con la misma libertad, manteniendo únicamente sus tres pilares: el ojo, la síntesis gráfica y el rojo característico del certamen.



El cartel de 2025 parte de una reflexión muy concreta: el valor del error.
La diana es, en apariencia, un símbolo del acierto. El lugar al que hay que llegar. La norma. La expectativa.
Pero en el cartel, ese objetivo se convierte también en un ojo, un punto de vista. Y alrededor, varias flechas que no aciertan: se desvían, atraviesan el aire, chocan en ángulos improbables.


Cartel de la XI Edición de 2024 y cartel de la XII Edición en 2025.
A veces el desvío revela caminos que no aparecerían desde la precisión. La historia de la ciencia y del diseño está llena de hallazgos accidentales. Los post-it, la penicilina o el caucho también nacieron del error. Lo inesperado siempre tiene algo que enseñar. Esta edición del festival aborda esa idea desde lo visual: no se trata de fallar para acertar, sino de aceptar el error como un hallazgo en sí mismo, como detonante de nuevas miradas.
La diana funciona en varios niveles:
– como blanco y como ojo,
– como objetivo y como perspectiva,
– como punto de llegada y como punto de partida.
Las flechas que se desvían no representan torpeza: representan libertad.
Un movimiento que desafía lo esperado y que abre espacio a nuevas posibilidades.
Eso es exactamente lo que propone el festival: mirar hacia lugares que no estaban en el mapa.
El resultado es una imagen directa, poética y ligeramente inquietante. Un gesto que sorprende al descifrarlo: primero vemos una diana; luego entendemos que también nos mira.


Más allá del cartel, la identidad de 2025 se desplegó en:
Cortinilla animada
Una coreografía de flechas en movimiento: algunas se clavan rectas, otras se desvían, otras giran ligeramente antes de impactar.
El ojo-diana responde, vibra, cambia de luz.
Una pieza que introduce cada proyección del festival.
Gráfica de redes y difusión
Adaptaciones para Instagram, Facebook y X, jugando con fragmentos de flechas, detalles del ojo y composiciones parciales de la diana.
Materiales impresos y de evento
– Rollups
– Mupis
– Señalética para Filmoteca de Zaragoza
– Fondos para la gala y aplicaciones informativas

2025 supone una nueva etapa en la identidad del festival: una edición que se aleja del globo-ojo de 2024 para encontrar otra metáfora visual igual de contundente, pero desde un lugar completamente distinto.
El cartel se convirtió en un símbolo claro: un ojo que también es una diana, y una diana imposible donde lo interesante ocurre fuera del centro.
Una imagen que invita a detenerse y que, una vez entendida, deja un eco conceptual: a veces equivocarse es más revelador que acertar.
La identidad completa —cartel, motion graphics y materiales para redes y evento— acompañó a la XII edición con coherencia visual y un tono propio, confirmando la madurez del festival como institución cultural y su voluntad de seguir explorando nuevos caminos.

Tras el éxito internacional de la edición anterior, la XII edición de La Mirada Tabú necesitaba una imagen que continuara la evolución visual del festival sin depender de lo ya hecho.
El encargo abarcaba el cartel principal, la cortinilla animada, las aplicaciones para redes y web, y la gráfica utilizada en los espacios de exhibición.
El festival crece, cambia y se transforma; la identidad visual debía acompañarlo con la misma libertad, manteniendo únicamente sus tres pilares: el ojo, la síntesis gráfica y el rojo característico del certamen.



El cartel de 2025 parte de una reflexión muy concreta: el valor del error.
La diana es, en apariencia, un símbolo del acierto. El lugar al que hay que llegar. La norma. La expectativa.
Pero en el cartel, ese objetivo se convierte también en un ojo, un punto de vista. Y alrededor, varias flechas que no aciertan: se desvían, atraviesan el aire, chocan en ángulos improbables.


Cartel de la XI Edición de 2024 y cartel de la XII Edición en 2025.
A veces el desvío revela caminos que no aparecerían desde la precisión. La historia de la ciencia y del diseño está llena de hallazgos accidentales. Los post-it, la penicilina o el caucho también nacieron del error. Lo inesperado siempre tiene algo que enseñar. Esta edición del festival aborda esa idea desde lo visual: no se trata de fallar para acertar, sino de aceptar el error como un hallazgo en sí mismo, como detonante de nuevas miradas.
La diana funciona en varios niveles:
– como blanco y como ojo,
– como objetivo y como perspectiva,
– como punto de llegada y como punto de partida.
Las flechas que se desvían no representan torpeza: representan libertad.
Un movimiento que desafía lo esperado y que abre espacio a nuevas posibilidades.
Eso es exactamente lo que propone el festival: mirar hacia lugares que no estaban en el mapa.
El resultado es una imagen directa, poética y ligeramente inquietante. Un gesto que sorprende al descifrarlo: primero vemos una diana; luego entendemos que también nos mira.


Más allá del cartel, la identidad de 2025 se desplegó en:
Cortinilla animada
Una coreografía de flechas en movimiento: algunas se clavan rectas, otras se desvían, otras giran ligeramente antes de impactar.
El ojo-diana responde, vibra, cambia de luz.
Una pieza que introduce cada proyección del festival.
Gráfica de redes y difusión
Adaptaciones para Instagram, Facebook y X, jugando con fragmentos de flechas, detalles del ojo y composiciones parciales de la diana.
Materiales impresos y de evento
– Rollups
– Mupis
– Señalética para Filmoteca de Zaragoza
– Fondos para la gala y aplicaciones informativas

2025 supone una nueva etapa en la identidad del festival: una edición que se aleja del globo-ojo de 2024 para encontrar otra metáfora visual igual de contundente, pero desde un lugar completamente distinto.
El cartel se convirtió en un símbolo claro: un ojo que también es una diana, y una diana imposible donde lo interesante ocurre fuera del centro.
Una imagen que invita a detenerse y que, una vez entendida, deja un eco conceptual: a veces equivocarse es más revelador que acertar.
La identidad completa —cartel, motion graphics y materiales para redes y evento— acompañó a la XII edición con coherencia visual y un tono propio, confirmando la madurez del festival como institución cultural y su voluntad de seguir explorando nuevos caminos.
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